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¿Podría la goma de opio ser la solución a la crisis de sobredosis?

30/09/2022| Publicaciones

El régimen prohibicionista entorno al uso adulto de drogas ha tenido efectos devastadores en las personas, las comunidades y regiones enteras, fomentando la corrupción, deteriorando el estado de derecho y dando lugar a numerosas violaciones de derechos humanos. Los daños de la prohibición se han documentado ampliamente y, sin embargo, personas en la política y quienes se dedican a formular las políticas continúan manteniendo el statu quo, incluso cuando las innovaciones políticas demuestran un camino nuevo y progresivo a seguir.

El mercado ilegal de la heroína se ha transformado dramáticamente en los últimos años, con la sustitución o adulteración del fentanilo “envenenando” el mercado y provocando una crisis de sobredosis que se ve trágicamente en los Estados Unidos y Canadá, entre otras naciones. En este contexto, a medida que aumentan las muertes por sobredosis, el precio de la goma de opio, como se le conoce antes de que se transforme en heroína, se ha reducido en un 80% desde 2018. Esta caída en los precios impacta directamente en las comunidades de cultivo en México, que utilizan amapola como un cultivo complementario junto con la agricultura de subsistencia.

Como personas que investigan y abogan por reformas a las políticas de drogas que estén centradas en las personas, los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la reducción de daños, el placer y la justicia social, hemos estado trabajando en México para resaltar cómo la goma de opio podría convertirse en uno de varios productos a base de opiáceos que se ofrecen dentro de un mercado legal que combate simultáneamente la pobreza de las comunidades de cultivo y previene sobredosis en personas que se inyectan drogas.

 

Una breve historia sobre la cosecha del opio

El uso del opio se remonta a tiempos prehistóricos. Según investigadorxs, su cultivo se remonta al Neolítico, en el IV milenio A.C. Las civilizaciones antiguas consumían opio para tratar una variedad de enfermedades, desde el dolor físico hasta problemas de salud mental, y fumar opio ganó una popularidad particular en el siglo XVIII.

El opio es una mezcla cruda de diferentes alcaloides contenidos en el jugo de la cápsula de la semilla de la planta de amapola (papaver somniferum). Cuando la cápsula está madura, se hacen incisiones en ella, de donde sale el producto lácteo (o 'látex'). La savia resultante se recoge y se deja secar al aire, formando una masa marrón y pegajosa. Para su consumo, se puede secar más o hervir en agua durante varias horas para eliminar los materiales insolubles.

La goma de opio se produce principalmente para la fabricación de heroína en los mercados ilegales. Solo India produce y exporta legalmente savia de látex de opio, extraída mediante procedimientos manuales, mientras que otros países que participan en el mercado legal cosechan mecánicamente toda la planta y luego extraen los alcaloides utilizando el 'método de la paja de amapola' (poppy straw method), mediante el cual los tallos secos de las semillas se trituran utilizando máquinas. Las semillas se extraen para obtener productos alimenticios y el alcaloide de morfina se extrae de las cápsulas/vainas trituradas. El método de la paja de amapola se utiliza para suministrar el 90% de la morfina legal a nivel mundial.

Los efectos de fumar opio son esencialmente los de la morfina, el principal alcaloide contenido en la goma y son prácticamente idénticos a los producidos por otras drogas opiáceas u opioides. El opio fumable hace efecto en el organismo en un período similar al de la inyección de heroína. El principal beneficio a corto plazo es la relajación. Según un estudio de 618 personas consumidoras de opio de la Provincia Fronteriza del Noroeste de Pakistán, la dosis diaria promedio de opio utilizada por alguien que fuma fue de 4.7 gramos, pero el rango varió ampliamente de 1 a 24 gramos por día.

Algunos posibles efectos secundarios a corto plazo pueden incluir analgesia, euforia, náuseas, pérdida de peso, estreñimiento, enfermedad pulmonar y dependencia. Aunque fumar opio no induce alucinaciones agudas, tiene efectos sedantes, analgésicos, hipotensores y antidiarreicos, y también puede inducir un estado de ensoñación.

Los estudios han demostrado que inyectarse drogas es el modo de administración más dañino por numerosas razones, como las enfermedades transmisibles por sangre, o la posibilidad de sufrir una sobredosis. Fumar la misma droga reduce en gran medida los riesgos asociados, especialmente cuando existe cierta incertidumbre con respecto a la pureza y calidad de la sustancia que se inyecta. El riesgo de sobredosis accidental, gangrena, infecciones fúngicas, úlceras y transmisión de VIH, Hepatitis B o C se reduce considerablemente cuando se fuma heroína u opio, en lugar de inyectarse por vía intravenosa. Aunque fumar puede aumentar ciertos riesgos de menor nivel como el asma, los comentarios de clientes en los estudios de este método de uso han sido generalmente positivos. Ofrecer la opción de fumar en lugar de inyectarse debería ser algo común en los sitios de reducción de daños.

 

Cómo permitir el opio legal bajo las convenciones internacionales

Los tratados internacionales de control de drogas, específicamente la Convención Única sobre Estupefacientes (SCD) de 1961, brinda un camino hacia los mercados legales, siempre que sea para fines médicos o científicos. Un país podría optar por emprender el cultivo de la producción de amapola, notificando debidamente a la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) y estableciendo una agencia gubernamental para supervisar todos los aspectos de la cadena de producción, incluida la exportación a países interesados ​​en proporcionar alternativas de reducción de daños para el mercado ilegal de drogas inyectables. Aunque abogamos por una completa regulación legal de todas las drogas para uso adulto, un proyecto piloto de cultivo de amapola para exportar productos de opio podría ocurrir más rápidamente dentro de un marco medicinal, terapéutico o de investigación.

Numerosos países han implementado programas de heroína médica (incluidos Suiza, Alemania y el Reino Unido). Sin embargo, esta propuesta de política también integraría una diversidad de productos y oportunidades económicas para las comunidades que cultivan, en lugar de un modelo farmacéutico que generalmente mantiene tales beneficios dentro de una sola compañía.

Si México optara por regular el opio para uso medicinal, el país enviaría una notificación a la JIFE, identificando el área y ubicación geográfica del cultivo y la cantidad aproximada de opio que se producirá. Una agencia gubernamental tendría que supervisar todos los aspectos, incluida la determinación de los cultivadores con licencia y la administración de la cosecha de la producción. Esta agencia también podría integrar mecanismos de equidad social para garantizar la participación de las comunidades más afectadas por la prohibición. La agencia tendría derechos exclusivos para importar, exportar y vender al por mayor, así como mantener el abastecimiento y licencias de las personas fabricantes de alcaloides de opio y opio medicinal, según se define en la SCD de 1961.

El gobierno mexicano podría ser responsable de las pruebas de calidad, el análisis y la exportación; este marco legal permitiría a otros países comprar té de amapola, goma de opio y otros productos a base de opio (incluida la heroína) del país, como complemento de reducción de daños para salvar vidas. Las autoridades relevantes y apropiadas, tanto de países de importación como de exportación, tendrían que emitir una autorización o certificado de importación y exportación.

 

Beneficios del mercado de la goma de opio para las comunidades cultivadoras y las personas que consumen drogas

Aunque la mayoría de las ganancias económicas del mercado ilegal de heroína pertenecen a grupos políticos y criminales, la amapola es una fuente importante de ingresos complementarios para las comunidades cultivadoras. La producción y comercialización regulada de la planta en México, que es el tercer país productor más grande del mundo, aumentaría las oportunidades de proporcionar salarios justos a estas familias, que utilizan este ingreso para pagar sus necesidades básicas, incluidas las facturas médicas y la escuela de sus hijxs.

Al menos 59 municipios de México cultivan opio, la mayoría en el estado de Guerrero. Los conflictos continuos entre el ejército y las organizaciones criminales en estas áreas han traído consigo violencia, corrupción, falta de estado de derecho, impunidad, desplazamiento interno y numerosas violaciones de derechos humanos. Regular legalmente la producción de amapola y goma de opio significaría que el gobierno ya no podría amenazar a las comunidades a través de la erradicación forzosa o la criminalización, sino que les proporcionaría una mayor independencia económica.

Permitir la producción legal de amapola y goma de opio significaría que las comunidades cultivadoras podrían proteger legalmente su derecho al trabajo y todos sus beneficios. Un proyecto piloto para la regulación legal de la goma de opio que contempla un enfoque de justicia social incluiría la incorporación de grupos vulnerables, especialmente jóvenes y mujeres, así como la reparación de los daños de la prohibición a través de la exclusividad de las licencias. Proporcionar un marco legal para trabajar con seguridad y dignidad permitiría a estas familias acceder a otros servicios básicos, como educación y salud, así como reducir el desplazamiento y el conflicto causado por la respuesta militarizada a la prohibición de esta industria.

El suministro seguro de goma de opio y heroína extraída manualmente podría mejorar la reducción de daños y las opciones de tratamiento en todo el mundo, al tiempo que brinda oportunidades económicas para las comunidades que cultivan amapola. Las personas que consumen drogas, en particular las que se inyectan, pueden y deben recibir una amplia gama de productos, incluido el opio que se puede fumar o comer. Una vez que las personas tienen un espectro de opciones, pueden optar por reducir el inyectarse y, de esa manera, reducir las consecuencias no deseadas para la salud, como abscesos, sobredosis o transmisión de enfermedades. Ofrecer una gama más amplia de productos, incluidos el té de amapola y la goma de opio, así como la heroína, satisfaría mejor las necesidades y los derechos de las personas que consumen drogas.

Para las comunidades que actualmente cultivan, la regulación legal de la producción de opio sería un salvavidas de estabilidad económica y la oportunidad de ingresar a una industria formal. Esto tendría repercusiones positivas en su acumulación intergeneracional de riqueza, acceso a la educación y los servicios, así como una reducción de la criminalización, los abusos de poder de las fuerzas del orden público y el conflicto en general. Al poner el desarrollo y la reducción de daños en el centro, los países podrían trabajar en conjunto para lograr indicadores relacionados con la justicia social, el desarrollo económico y el acceso a la salud.

No hay momento como el presente para comenzar a diseñar e implementar políticas audaces.

Un artículo de Zara Snapp y Jorge Valderrábano para Talking Drugs