En Metzineres entendemos el feminismo como una práctica viva, situada y transformadora. Un feminismo que se construye desde los márgenes, desde las experiencias de las mujeres que sobreviven a múltiples violencias, estigmas y exclusiones. En este marco nace MetziBaila, un proyecto de creación comunitaria que ha puesto el cuerpo, la danza y la performance en el centro de la acción política y colectiva.

Podéis ver un resumen de MetziBaila

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Un proceso que va más allá del escenario

MetziBaila no ha sido solo una pieza performativa. Ha sido, sobre todo, un proceso. Un espacio de encuentro, cohesión y escucha tanto para el equipo de trabajadoras como para las mujeres participantes de los entornos de cobijo de Metzineres.

Inicialmente, el proyecto preveía una serie de sesiones para cocrear y presentar una pieza pública en el marco de una acción reivindicativa global. Pero los cambios internos en el equipo, las nuevas incorporaciones y las situaciones sobrevenidas nos llevaron a repensar los tiempos y las prioridades. Fieles a nuestro modelo flexible y adaptativo, decidimos reformular el proyecto y situarlo en una fecha emblemática: el 8 de marzo de 2025, Día Internacional de la Lucha Feminista.

Esta decisión no fue solo logística. Fue política. Queríamos que la acción dialogara con un contexto que nos interpela directamente y nos permitiera hacer incidencia desde una mirada feminista, antiprohibicionista, antirracista y de derechos humanos.

 

Primera etapa: cuidar al equipo, habitar el cuerpo

La primera fase del proyecto se centró en el trabajo interno con las profesionales de Metzineres. Durante cuatro sesiones, generamos un espacio diferente al de la rutina laboral: un espacio para poner el cuerpo en movimiento, explorar tensiones, compartir impactos emocionales y reforzar la cohesión de un equipo que había vivido cambios recientes.

Este proceso fue valorado como “potente” por las participantes. Nos permitió (re)conocernos, crear otro tipo de diálogo —no solo verbal, sino corporal— y abrir espacios más íntimos de cuidado colectivo.

En estas sesiones también empezó a tomar forma la base de la pieza performativa: letra, movimientos, estructura. Pero, como todo en Metzineres, nada estaba cerrado.

Segunda etapa: crear con las mujeres, no para las mujeres

La segunda fase incorporó a las mujeres participantes de Metzineres. La participación era voluntaria, basada en motivaciones y deseos. Y eso lo cambió todo.

La propuesta inicial tuvo que reformularse. Era demasiado larga, demasiado compleja y no acababa de interpelarlas. A través del diálogo y la asamblea, se simplificaron la letra y los movimientos, haciéndolos más breves, accesibles y visualmente potentes. El objetivo: una acción clara, directa y fácil de aprender, teniendo en cuenta la complejidad de sus vidas.

En este proceso también abrimos una reflexión crítica sobre posibles similitudes con otras performances feministas globales. Lejos de ignorarlo, decidimos reformular la propuesta para garantizar que la acción fuera realmente propia, situada y coherente con el colectivo Metzineres. Este ejercicio de análisis y revisión se convirtió en un valioso aprendizaje comunitario.

7M: ocupar la calle desde los márgenes

Finalmente, la acción performativa se llevó a cabo el 7 de marzo, en el marco de la manifestación nocturna previa al 8M, con la participación de mujeres y trabajadoras de la entidad.

Se valoró muy positivamente no actuar en el escenario oficial del 8M y, en cambio, hacerlo en un espacio que las participantes sentían más propio, menos masificado y menos expuesto. Esta decisión reforzó el sentimiento de identificación y pertenencia.

La performance fue una acción breve pero contundente: feminista, antiestigma, antirracista, anticolonial y antipunitivista. Una manera de decir que las mujeres que usan drogas, que sobreviven al sinhogarismo, a la migración forzada, al trabajo sexual, a la prisión o a los malestares de salud mental, también son sujetas políticas y que sus voces cuentan.

Tejiendo alianzas, generando comunidad

MetziBaila también tendió puentes con otros agentes del territorio, como el Centre Cívic de la Barceloneta, ampliando el trabajo comunitario y artístico entre barrios. El proyecto demostró que, incluso con cambios y reformulaciones constantes, es posible generar tejido inclusivo y visibilizar las discriminaciones estructurales que afectan a las mujeres que atendemos.

Impacto y continuidad

MetziBaila nos deja aprendizajes claros: la importancia de la flexibilidad, de la escucha real, de la creación situada y de poner la vida en el centro. Nos reafirma que el arte puede ser una herramienta de cuidado, de denuncia y de transformación.

Porque cuando los cuerpos se mueven juntxs, cuando las voces se entrelazan y cuando la comunidad se reconoce, el feminismo deja de ser solo discurso y se convierte en práctica viva.

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